Hoy una de nuestras lectoras, Celeste, nos comparte una anécdota que nos recuerda lo cuidadosos que debemos ser al tratar ciertos temas delante de un pequeño:
Hace unos días mi hijo de 3 años estaba jugando con unos juguetes que tenía medio olvidados. De repente empieza a gritarme super contento. MAMI, MAMI !! Encontré a mi tía “X” mira, mira!! Y me muestra un marranito o cochinito conduciendo una moto. Entonces al ver el juguete le pregunté, ¿cómo que encontraste a tu tía “X”? y me dice, ¡¡ sssíiii maaammmiii y hasta está arriba de una moto!!, le voy a decir a mi papá cuando llegue del trabajo. Jajaja!.
Moraleja, tengan cuidado cuando le ponen sobrenombres a las demás personas, ya que los niños se creen TODO lo que uno dice. ;)
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domingo, 23 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
No contaba con su astucia
Los padres y los maestros son los encargados de moldear el carácter de un niño --más los padres que los maestros--, debido a que ya nacen con una cierta personalidad y forma de ser. Eso lo aprendí yo misma al ser responsable de un grupo de Maternal, donde los pequeños me demostraban día con día lo inteligentes, perceptivos y honestos que pueden ser. Y debido a eso tenía las más divertidas enseñanzas y anécdotas cada día, una de las cuales les compartiré hoy:
Como decía, era la responsable de un grupo de Maternal, lo cual significaba que tenía una asistente, y aunque me encargaba de la instrucción y ella de asistir a los pequeños (pues en la edad de 2 a 3 años aún necesitan mucho cuidado) lo cierto es que en ocasiones también yo participaba de ello.
Un buen día, a la hora de salida, los preparábamos para ser entregados a sus papás. La costumbre era que salieran muy limpiecitos de su carita, les poníamos un poco de talco y loción preferida, y eso hacíamos, pero no sé qué pasaba en ese día en particular que estaban realmente inquietos (dicen que cuando va a cambiar el clima los niños se ponen muy agitados, y parecía esa la situación), y no podía terminar de arreglarlos. La mejor forma de organizarnos era sentando a los niños y llamándolos de uno por uno, y dado que las paredes estaban forradas a su altura, a veces les gustaba correr y rebotar en ellas como si fuera un cuadrilátero de la triple A. Y ese era precisamente su entretenimiento ese día en particular, todos se levantaban del piso y corrían de un lado para otro riendo y no podía terminar de arreglarlos.
Bueno! suficiente --les dije, después de haberles llamado la atención un par de veces--, todos sentados en el suelo en este momento, el que se levante va a tener que esperar en otro salón (uno de los mayores castigos).
Situación controlada... o eso pensé durante 5 segundos, puesto que uno de los más astutos del salón --allí empecé a darme cuenta-- seguía riendo y, entonces... empezó a arrastrarse hasta la otra pared para seguir jugando...
De ninguna manera podía llamarle la atención, hizo exactamente lo que le pedí: sentarse y no levantarse del piso, nunca mencioné nada de no arrastrarse o rodar. No me quedó más que reírme para mis adentros y apresurarme a terminar para entregárselos a sus papás. Aunque también aprendí a poner más atención a lo que les pedía hacer. Leer más...
Como decía, era la responsable de un grupo de Maternal, lo cual significaba que tenía una asistente, y aunque me encargaba de la instrucción y ella de asistir a los pequeños (pues en la edad de 2 a 3 años aún necesitan mucho cuidado) lo cierto es que en ocasiones también yo participaba de ello.
Un buen día, a la hora de salida, los preparábamos para ser entregados a sus papás. La costumbre era que salieran muy limpiecitos de su carita, les poníamos un poco de talco y loción preferida, y eso hacíamos, pero no sé qué pasaba en ese día en particular que estaban realmente inquietos (dicen que cuando va a cambiar el clima los niños se ponen muy agitados, y parecía esa la situación), y no podía terminar de arreglarlos. La mejor forma de organizarnos era sentando a los niños y llamándolos de uno por uno, y dado que las paredes estaban forradas a su altura, a veces les gustaba correr y rebotar en ellas como si fuera un cuadrilátero de la triple A. Y ese era precisamente su entretenimiento ese día en particular, todos se levantaban del piso y corrían de un lado para otro riendo y no podía terminar de arreglarlos.
Bueno! suficiente --les dije, después de haberles llamado la atención un par de veces--, todos sentados en el suelo en este momento, el que se levante va a tener que esperar en otro salón (uno de los mayores castigos).
Situación controlada... o eso pensé durante 5 segundos, puesto que uno de los más astutos del salón --allí empecé a darme cuenta-- seguía riendo y, entonces... empezó a arrastrarse hasta la otra pared para seguir jugando...
De ninguna manera podía llamarle la atención, hizo exactamente lo que le pedí: sentarse y no levantarse del piso, nunca mencioné nada de no arrastrarse o rodar. No me quedó más que reírme para mis adentros y apresurarme a terminar para entregárselos a sus papás. Aunque también aprendí a poner más atención a lo que les pedía hacer. Leer más...
domingo, 18 de abril de 2010
Las cosas que un niño puede enseñar
En domingo de colaboraciones, contamos con una aportación de una de nuestras lectoras. Alexia Giannakis es mamá de Daniela y Gil Jr. y nos comparte un poco del aprendizaje que conlleva tener hijos, esas personitas que son un poco parte de papá y de mamá pero que a la vez son individuos independientes y sobre todo, sorprendentes.
Una de mis mayores satisfacciones en la vida es ser madre, anécdotas son muchas pero realmente no sé si los embarazos me han afectado tanto la memoria que vienen a mi mente las cosas sin querer (y cuando necesito acordarme de algo brillan por su ausencia).
Recuerdo cuando fuimos a un crucero hace casi 2 años, iba embarazada y no podía tomar alcohol y pedía para tomar mi piñas coladas sin alcohol, un día la probó Dany mi hija que en ese entonces tenía 5 años y se volvieron su bebida preferida, pidiéndola en cuanto restaurant se paraba, también cuando llegamos a casa y quería que en su cama apareciera en la noche una figura de adorno hecha con toallas, así como se la ponían en el camarote. Y como dice Paulo Coelho un niño puede enseñar 3 cosas a los adultos: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado en algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea. Leer más...
Una de mis mayores satisfacciones en la vida es ser madre, anécdotas son muchas pero realmente no sé si los embarazos me han afectado tanto la memoria que vienen a mi mente las cosas sin querer (y cuando necesito acordarme de algo brillan por su ausencia).
Recuerdo cuando fuimos a un crucero hace casi 2 años, iba embarazada y no podía tomar alcohol y pedía para tomar mi piñas coladas sin alcohol, un día la probó Dany mi hija que en ese entonces tenía 5 años y se volvieron su bebida preferida, pidiéndola en cuanto restaurant se paraba, también cuando llegamos a casa y quería que en su cama apareciera en la noche una figura de adorno hecha con toallas, así como se la ponían en el camarote. Y como dice Paulo Coelho un niño puede enseñar 3 cosas a los adultos: a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado en algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea. Leer más...
domingo, 28 de marzo de 2010
La cita con el pediatra... o algo así
Este domingo de espacio para nuestras lectoras, Celeste Ibarra, mamá de Fernando, nos comparte una anécdota, que si bien ahora resulta divertida, en su momento no lo fue tanto.
Hace unos meses a mi hijo le tocaba su cita periódica con el pediatra. La cita nos había tocado a las 9:20 am pero antes de que nos pasaran hubo una emergencia y el doctor se ocupó, así que tuvo un atraso en sus citas alrededor de 2 horas y media. Ese día casualmente consultaba el Geriatra (lo hace 2 veces por semana en esas instalaciones) la sala de espera cada vez se llenaba más y más... no sólo por niños y personas de la tercera edad, sino de gente que tenía cita agendada con otros especialistas.
El tiempo pasaba y mi hijo cada vez se ponía más inquieto, como todo nino. Después de casi 2 horas de espera, opté por dejarlo caminar un poco, ya que había recurrido a todos mis encantos en ese inter para entretenerlo. Mi niño en ese entonces tenía 2 años 3 meses. El detalle aquí es que el consultorio está en un tercer piso, entonces hay escaleras y un elevador, el cual estaba en constante uso.
Fuera de eso les platico que en la mañana antes de llegar a la cínica, se me averió un zapato, traía puestas unas sandalias de tiritas y 8 cm de alto, aún asi estaba al pendiente de mi hijo para que no se fuera ni a las escaleras ni al elevador. Pero no contaba con la astucia de mi hijo. Como no lo dejaba acercarse al elevador lo tomó como reto y en una de esas que se abre el elevador y empiezan a salir cuatro señoras de la tercera edad, la primera con andador. Mi niño solo se agachó, empezó a correr entre las piernas de las señoras y se metió al elevador a picarle a todos los botones. Claro que me tardé un poquito en llegar al elevador pues tenía que esperar a que las señoras le pasaran, ni modo que tumbarlas. Mientras llegaba le decía en voz alta que se saliera rápido de ahí... pero él estaba todo emocionado por lograr su hazaña y empezó a brincar y a gritar para festejarlo!!!... cuando llegué se empezaron a cerrar las puertas y alcancé a meter medio cuerpo, pero el sensor no me registró, así que tuve que dar marcha atrás y lo único que alcancé a decirle a mi hijo es que no se saliera del elevador, que se quedara quieto y que se quedara en medio, pues el elevador tiene 2 puertas que se abren al mismo tiempo. En cuanto se cerraron las puertas solo se escuchó MMAAAAMMMIII!!... me fui a las escaleras corriendo con todo y zapatos averiados a punto de salirse, en ese inter me tope con una enfermera que se me quedó viendo muy feo pues tienen un letrero que dice “favor de no correr en las escaleras”. Al llegar al segundo piso me percaté que el elevador estaba por pasar por ahí, asi que oprimí el botón para que se parara, pero se siguió de paso y sólo escuche a mi niño golpear las puertas con sus puños llorando. Me regresé a las escaleras y las bajé lo más rápido posible y al momento de terminarlas de bajar sólo se escuchó que las puertas del elevador se abrieron y mi niño salió corriendo asustado. Lo bueno es que las escaleras en el primer piso están al lado del elevador y lo alcancé a atrapar.
Que susto nos pegamos ese día, no sólo mi hijo y yo... sino todo el plantel ya que las personas que estaban en la sala de espera pensaron que se había quedado el elevador atorado. Después de lo sucedido me dijeron que el elevador no estaba respondiendo correctamente. Hasta le estaban hablando al técnico!!... de hecho lo cambiaron.
Desde entonces me voy preparada con lonche, 2 juguetes, un mini DVD, 2 películas y no permito que mi hijo ande caminando en la sala de espera. Bien dicen que "mujer prevenida, vale por dos". Leer más...
Hace unos meses a mi hijo le tocaba su cita periódica con el pediatra. La cita nos había tocado a las 9:20 am pero antes de que nos pasaran hubo una emergencia y el doctor se ocupó, así que tuvo un atraso en sus citas alrededor de 2 horas y media. Ese día casualmente consultaba el Geriatra (lo hace 2 veces por semana en esas instalaciones) la sala de espera cada vez se llenaba más y más... no sólo por niños y personas de la tercera edad, sino de gente que tenía cita agendada con otros especialistas.
El tiempo pasaba y mi hijo cada vez se ponía más inquieto, como todo nino. Después de casi 2 horas de espera, opté por dejarlo caminar un poco, ya que había recurrido a todos mis encantos en ese inter para entretenerlo. Mi niño en ese entonces tenía 2 años 3 meses. El detalle aquí es que el consultorio está en un tercer piso, entonces hay escaleras y un elevador, el cual estaba en constante uso.
Fuera de eso les platico que en la mañana antes de llegar a la cínica, se me averió un zapato, traía puestas unas sandalias de tiritas y 8 cm de alto, aún asi estaba al pendiente de mi hijo para que no se fuera ni a las escaleras ni al elevador. Pero no contaba con la astucia de mi hijo. Como no lo dejaba acercarse al elevador lo tomó como reto y en una de esas que se abre el elevador y empiezan a salir cuatro señoras de la tercera edad, la primera con andador. Mi niño solo se agachó, empezó a correr entre las piernas de las señoras y se metió al elevador a picarle a todos los botones. Claro que me tardé un poquito en llegar al elevador pues tenía que esperar a que las señoras le pasaran, ni modo que tumbarlas. Mientras llegaba le decía en voz alta que se saliera rápido de ahí... pero él estaba todo emocionado por lograr su hazaña y empezó a brincar y a gritar para festejarlo!!!... cuando llegué se empezaron a cerrar las puertas y alcancé a meter medio cuerpo, pero el sensor no me registró, así que tuve que dar marcha atrás y lo único que alcancé a decirle a mi hijo es que no se saliera del elevador, que se quedara quieto y que se quedara en medio, pues el elevador tiene 2 puertas que se abren al mismo tiempo. En cuanto se cerraron las puertas solo se escuchó MMAAAAMMMIII!!... me fui a las escaleras corriendo con todo y zapatos averiados a punto de salirse, en ese inter me tope con una enfermera que se me quedó viendo muy feo pues tienen un letrero que dice “favor de no correr en las escaleras”. Al llegar al segundo piso me percaté que el elevador estaba por pasar por ahí, asi que oprimí el botón para que se parara, pero se siguió de paso y sólo escuche a mi niño golpear las puertas con sus puños llorando. Me regresé a las escaleras y las bajé lo más rápido posible y al momento de terminarlas de bajar sólo se escuchó que las puertas del elevador se abrieron y mi niño salió corriendo asustado. Lo bueno es que las escaleras en el primer piso están al lado del elevador y lo alcancé a atrapar.
Que susto nos pegamos ese día, no sólo mi hijo y yo... sino todo el plantel ya que las personas que estaban en la sala de espera pensaron que se había quedado el elevador atorado. Después de lo sucedido me dijeron que el elevador no estaba respondiendo correctamente. Hasta le estaban hablando al técnico!!... de hecho lo cambiaron.
Desde entonces me voy preparada con lonche, 2 juguetes, un mini DVD, 2 películas y no permito que mi hijo ande caminando en la sala de espera. Bien dicen que "mujer prevenida, vale por dos". Leer más...
domingo, 21 de marzo de 2010
El primer día de kinder
Este domingo de colaboraciones, contamos con la anécdota de una de nuestras lectoras, en la que, en pocas palabras nos muestra una escena tal vez conocida para tantas otra mamás, en la que es evidente cómo los pequeños marcan nuestras vidas. Maricarmen es mamá de Sebastian y Daniela, profesionista y ama de casa, y nos comparte acerca del dia en que tuvo que llevar a su hijo por primera vez al kinder.
El primer día de Sebastián en el colegio fue cuando él tenía 2 años 8 meses e ingresaba a primero de kinder. Toda la semana previa me la pasé hablando con él acerca del cambio, que había de ser valiente, de que iba a tener nuevos amiguitos, etc.
Llegó el primer dia y él muy guapo con su uniforme nuevo y zapatos, osea todo el ajuar; su lonchera con jugo y todo el almuercito, fuimos su papá y yo hasta la puerta a dejarlo y mi niño iba sonriendo feliz, muy contento de comenzar la escuelita, nos dijo adiós con su manita y fue cuando me di cuenta de que yo era la que estaba llore y llore, me ganó la emoción de ver a mi bebé en su primer día de escuela y mi esposo en lugar de tomarle fotos al niño, me las tomó a mí atacado de la risa mientras me decía: alguien debió prepararte a ti para este dia... y creo que tenía razón. Jajaja!! Leer más...
El primer día de Sebastián en el colegio fue cuando él tenía 2 años 8 meses e ingresaba a primero de kinder. Toda la semana previa me la pasé hablando con él acerca del cambio, que había de ser valiente, de que iba a tener nuevos amiguitos, etc.
Llegó el primer dia y él muy guapo con su uniforme nuevo y zapatos, osea todo el ajuar; su lonchera con jugo y todo el almuercito, fuimos su papá y yo hasta la puerta a dejarlo y mi niño iba sonriendo feliz, muy contento de comenzar la escuelita, nos dijo adiós con su manita y fue cuando me di cuenta de que yo era la que estaba llore y llore, me ganó la emoción de ver a mi bebé en su primer día de escuela y mi esposo en lugar de tomarle fotos al niño, me las tomó a mí atacado de la risa mientras me decía: alguien debió prepararte a ti para este dia... y creo que tenía razón. Jajaja!! Leer más...
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